Nuevamente el canto de las golondrinas me ha traído aquí, a la
inconmensurable Madrid. Una vez más el flamante andante me indica el
inicio del verano y como cada año el crudo reflejo del gran
Cervantes en el ondulado y frío espejo de esta pequeña plaza está
tratando de escrutar mi alma, está tratando de entender por qué
después de 35 años de aquella cita programada aún regreso, en cada
inicio del verano, con la dulce esperanza de tu eterna ausente
presencia.
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