sábado, 29 de octubre de 2016

Melancolía

Poco a poco fue embargándolo un extraño sentimiento que no conocía. Sintió una dejadez que lo hacía evocar otros tiempos, otros lugares. Su alma, sin saberlo, fue retorciéndose, paso a paso, como un viejo alambre que usamos una y otra vez para asir algo que no quiere estar sujeto. Mientras más avanzaba el auto que lo regresaba a su vieja casa natal más se retorcía el alambre.
No entendía nada. Todo se le hacía vacuo. Ya no recordaba el motivo para regresar a aquellos remotos parajes de su vida, de su memoria, de su historia. Ya entraba en el viejo poblado de Aroca y a cada movimiento convulso del auto el amasijo alámbrico que era su alma daba otra vuelta más. Era un sentimiento inenarrable y aunque físicamente soportable ya su alma exprimía, en el último retortijón, la postrera gota de calma que poseía.
Cruzaban frente al cementerio y el ver aquel panteón viejo, enmohecido, derruido, pero aún terriblemente presente, le despertó con fuerza del aletargamiento que lo venía sumiendo desde la llegada al pueblo. Entonces comenzó a recordar todo. Recordó aquella tarde de peonías, fresas, mantecado y el delicioso sabor del brillo acaramelado de los labios de su amada. Recordó la cita nocturna en aquel panteón que debería ser el mudo confidente de sus estrenos vitales. Y recordó la infausta noche de acres olores, de turbios aires, de perennes sombras, de gritos ahogados.
Volvió a ver todo otra vez. Volvió a revivir todo aquel horror que pudo ver en los ojos de su amada mientras era violada por sus dos grandes amigos. Volvió a recordar el profundo dolor y desprecio que le dirigió al ver que él no era más que un pobre cobarde, un pusilánime sin fuerza y sin orgullo.
Recordó la carrera de huida, esa que lo sacó del cementerio, lo alejó del pueblo, lo separó de sus padres, le sepultó el orgullo, lo sentenció a su posterior vida en eterna huida, llena de cobardía, de vivir en una eterna alabanza a sus patrones de turno, una vida sumisa de suprema obediencia a sus nuevos amos, una vida triste sin el amor de...
  • Señor Presidente ya llegamos. El gobernador, el alcalde y los ministros ya están en el área protocolar para la inauguración del acueducto de la población de Aroca.
  • ...Miranda.
  • ¿Cómo dice señor Presidente?
  • Nada, absolutamente nada. Vamos.

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