Poco a poco fue embargándolo un extraño sentimiento que no conocía.
Sintió una dejadez que lo hacía evocar otros tiempos, otros
lugares. Su alma, sin saberlo, fue retorciéndose, paso a paso, como
un viejo alambre que usamos una y otra vez para asir algo que no
quiere estar sujeto. Mientras más avanzaba el auto que lo regresaba
a su vieja casa natal más se retorcía el alambre.
No entendía nada. Todo se le hacía vacuo. Ya no recordaba el motivo
para regresar a aquellos remotos parajes de su vida, de su memoria,
de su historia. Ya entraba en el viejo poblado de Aroca y a cada
movimiento convulso del auto el amasijo alámbrico que era su alma
daba otra vuelta más. Era un sentimiento inenarrable y aunque
físicamente soportable ya su alma exprimía, en el último
retortijón, la postrera gota de calma que poseía.
Cruzaban frente al cementerio y el ver aquel panteón viejo,
enmohecido, derruido, pero aún terriblemente presente, le despertó
con fuerza del aletargamiento que lo venía sumiendo desde la llegada
al pueblo. Entonces comenzó a recordar todo. Recordó aquella tarde
de peonías, fresas, mantecado y el delicioso sabor del brillo
acaramelado de los labios de su amada. Recordó la cita nocturna en
aquel panteón que debería ser el mudo confidente de sus estrenos
vitales. Y recordó la infausta noche de acres olores, de turbios
aires, de perennes sombras, de gritos ahogados.
Volvió a ver todo otra vez. Volvió a revivir todo aquel horror que
pudo ver en los ojos de su amada mientras era violada por sus dos
grandes amigos. Volvió a recordar el profundo dolor y desprecio que
le dirigió al ver que él no era más que un pobre cobarde, un
pusilánime sin fuerza y sin orgullo.
Recordó la carrera de huida, esa que lo sacó del cementerio, lo
alejó del pueblo, lo separó de sus padres, le sepultó el orgullo,
lo sentenció a su posterior vida en eterna huida, llena de cobardía,
de vivir en una eterna alabanza a sus patrones de turno, una vida
sumisa de suprema obediencia a sus nuevos amos, una vida triste sin
el amor de...
- Señor Presidente ya llegamos. El gobernador, el alcalde y los ministros ya están en el área protocolar para la inauguración del acueducto de la población de Aroca.
- ...Miranda.
- ¿Cómo dice señor Presidente?
- Nada, absolutamente nada. Vamos.
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