domingo, 3 de julio de 2016

Expropiación ¿Craso error del chavismo?

Estimados camaradas socialistas, quiero plasmar en este artículo unas breves reflexiones para una posible dialéctica en torno a ese espinoso tema de las expropiaciones que, para mí, son el eje central de todo el problema económico en el que estamos envueltos en estos duros días nuestros.
Hace ya un tiempo, creo que fue en la primera feria del libro que se realizó bajo el mando de nuestro actual presidente Nicolás Maduro, que asistí a una breve conferencia previa a la presentación de un libro de un personaje harto conocedor de la historia y prolífico escritor de todo tipo de temas, que con toda la calma del mundo y con todo el énfasis posible nos decía que -para él- el Estado debía colocar todas la empresas expropiadas en manos de gente como Lorenzo Mendoza (ejemplo utilizado por el susodicho personaje) ya que para él de esa manera volverían a funcionar, a ser productivas y el país volvería a encauzar su economía, que ya para aquel entonces daba claros signos de enfermedad.
Todavía hoy, años después, me sangran los oídos al recordar esto, y si no escribí nada en aquel momento y hoy sí lo hago, es por estos tiempos de dura informalidad económica que hacen atravesar a nuestro país los encargados de dar el “golpe de timón”, es porque desde el mismísimo seno de estos “hijos de Chávez” han salido personajes a vociferar a los cuatro vientos planetarios el estridente fracaso de todas la expropiaciones realizadas en estos 17 años, y que la mejor vía para el saneamiento económico de Venezuela es devolverlas a manos privadas; entonces, ante este giro tan peligroso de las cosas, he decidido dar mi opinión al respecto.
Lo primero que hay que hacer es descubrir el agua tibia, como lo hacen nuestros ilustres “hijos de Chávez” al decir que las expropiaciones fracasaron, eso señores es OBVIO. Lo peligroso, lo realmente grave, es el giro que le estamos dando a ese timón de la nave que nos dejó Chávez al enfatizar, después de recalcar NUESTRO FRACASO, que al devolverle el capital a sus “originarios” dueños todo sí funcionará y todo sí marchará adelante, y ojo, que aquí hay que hacer dos apartados vitales para que se entienda la gravedad de esta nueva proposición.
Lo primero que hay que decir es que en estos momentos sí es completamente cierto y quizás muy necesario devolver en parte las empresas a las manos privadas, pero ojo, sin que el Estado pierda la mayoría accionaria, sobre todo en las empresas más vitales como son las de la alimentación, y que esas manos privadas no sean otras que los mismos trabajadores de esas empresas. Lo segundo y más importante que hay que hacer es EXPLICAR el porqué estas expropiaciones fracasaron estrepitosamente y así eliminar de una vez esa perniciosa comunión entre socialismo expropiador y fracaso económico, y ojo a esto, que aquí está el meollo del gran peligro ideológico de esta nueva trampa tendida desde el seno de nuestros propios “hijos de Chávez.
Ahora vayámonos un poco más atrás, a la época de las vacas gordas, a la época de eterna felicidad, a la época donde todo se arreglaba a barrilazo limpio y poco importaba el control, la fiscalización, la contraloría, la productividad, pues los fracasos se tapaban con inyecciones casi infinitas de capital o en montañas de propagandas y justificaciones de la más impresionante ciencia ficción y todos nos comíamos ese pernicioso cuento de la “Venezuela Potencia”. Es en estos tiempos donde se encuentra el origen mismo de este tan estrepitoso fracaso, que parece estar destinado a convertirse en el puntillazo final que termine de explotar ese ya casi vacío globo que es la revolución venezolana.
Nuestro eterno líder se auto-proclamó Marxista y desde 2004 le dio carácter de socialista a nuestra revolución, es por ello que trató de iniciar un proceso de socialización en el aparato productivo venezolano, haciendo cambiar el capital de las manos privadas a las manos de un Estado que NO estaba preparado ideológicamente ni tenía el adiestramiento para afrontar tamaño reto. Se empezó por el fondo, empezamos a lavar los pies sin darnos cuenta que al lavar la cabeza tendríamos que volver a lavar todo lo ya hecho. El error, señores, no fue expropiar, ese es un paso harto necesario en todo proceso que quiera medio dignarse a llamarse socialista, el error, el GRAN error, fue el TIEMPO y a continuación me explico.
Después de los sucesos del 2002 quedaba claro que la oligarquía industrial venezolana JAMÁS y repito esto de JAMÁS, pues parece haberse olvidado, trabajaría por un proceso revolucionario, mucho menos socialista y aún peor marxista, de ahí que Chávez, amparado en el éxito del referéndum revocatorio en su contra (algo a lo cual estos “hijos de Chávez” parecen tenerle un pánico atroz) decidió dar el paso que tanto quería dar, aún en contra de los todopoderosos amos del valle y auto-proclamarse marxista e iniciar, desde ese mismo momento, la transformación económica del país, quitándole el capital productivo a los privados y privilegiados de siempre y conservándolo para si, para el Estado, y el error, el grave error, fue que antes de transformar económicamente a un país hay que transformarlo socialmente porque sino todo intento de cambio sera saboteado, de una manera u otra, por aquellos mismos llamados a realizar el cambio, y cualquier parecido con nuestra desastrosa realidad no es mera coincidencia.
En este punto realizaré un paréntesis a mi secuencia de ideas para aclarar que este error que a priori se le puede achacar a Chávez, y vaya que tiene culpa en ello, no sería del todo justo hacerlo, ya que la nuestra fue una revolución pacifica y no contó con ese “gran apoyo” que tiene toda revolución armada, como es eliminar de golpe y porrazo a todo aquel que torpedee el proceso revolucionario, o que de una u otra forma estorbe a dicho proceso, ventaja que sí tuvieron otros líderes revolucionarios que llegaron al poder a punto de plomo y fuego y que no tardaron mucho en realizar esta “necesaria limpieza”, y es por esta razón, y aquí otro paréntesis más, que tanto admiro a Chávez y a su intento revolucionario, pues si bien lo trató de iniciar por el método errado, el método violento, entendió en un breve lapso que la vía de la sangre solo sirve a los fines de grandes carniceros y que él no sería uno de estos, de ahí que la nuestra, nuestra revolución pacifica, fuese tan difícil de instaurar y de ahí también que el no haber empezado por la transformación socio-educativa antes de desmontar el aparato económico, mas aún teniendo el poder de PDVSA en sus manos, fue quizás el más grande error de su gestión y sin duda alguna hoy lo estamos pagando con creces.
Volviendo a retomar el hilo conductor del principio, quiero dejar claro que tildar al proceso socialista de expropiación en Venezuela como un estridente fracaso -separándolo de la muy necesaria explicación de sus causas- no es más que una vil maniobra de la derecha que usa a títeres enquistados en el seno del actual gobierno para, de un solo golpe, insertar en el imaginario colectivo que la destrucción del orden económico y social que impone el capitalismo solo trae hambre y miseria, que la consecuencia del intento de construcción del socialismo solo traerá una escandalosa y horrorosa experiencia aún peor a la actual, y así y de una vez por todas, eliminar la posibilidad de cualquier revolución futura y mas aún de índole socialista, so pena de sufrir nuevamente hambre y grandes penurias.
Señores, ojo con lo que se viene, esos seudo-socialistas vendidos por no sé qué razón (bueno, si la imagino: dinero) a la derecha burguesa, están cavando un hoyo muy profundo para enterrar cualquier vestigio de chavismo posible y para que el que pueda sobrevivir quede muy bien marcado como inepto e incapaz, cuando la realidad es que es el sistema capitalista, totalmente corruptor y podrido, al no haber sido atacado de raíz y simplemente habérsele podado las ramas, está rejuveneciendo en el seno de la misma revolución y amenaza fuertemente con acabar con ella.
Otro punto a tener muy en cuenta es la nueva propuesta de reprivatización escondida tras un sistema llamado mixto, propuesto por los mismo tristes personajes anteriores, y ojo con esto, pues si bien es muy cierto que lo que ha debido hacerse en un inicio, y es lo que debemos hacer ahora de manera obligada, es la mixtificación de la empresa entre el Estado (que deberá conservar siempre la mayoría accionaria) y los trabajadores, NUNCA con un capital foráneo como se quiere hacer ahora, con la falsa premisa de obtener dividendos y hacer productivas las empresas, pues la verdad es que solo se busca encubrir un plan mayor de total privatización de las mejores y más jugosas empresas hoy en manos del Estado.
Lo que se debe hacer, y vuelvo a repetir esto, es lo que se ha debido hacer ya en los años posteriores al 2003, y es el compartir las responsabilidades y los beneficios con los obreros de esa empresa, darles no solo el poder de decisión, sino la responsabilidad del fracaso y el goce final de los posibles dividendos a un buen trabajo, siempre en función de un inicial comodato Estado-obrero, que pueda llevar en un lapso no menor a un lustro a la posesión ya final de una parte accionaria, y repito otra vez, siempre con el control final del Estado de la mayoría accionaria de dicha empresa, pues esa es la única manera de crear sentimiento de pertenencia en el trabajador, satisfacción ante el reparto de beneficios por el trabajo bien hecho y responsabilidad grupal ante el fracaso posible. Estoy totalmente convencido de que si está hubiese sido la fórmula de las expropiaciones en un principio otro sería nuestro panorama actual, pero ojo con lo que se quiere hacer hoy día, que no es otra cosa que una reprivatización y seguro que con grandes facilidades para los “nuevos” capitalistas.
Señores, cuidado, digamos las cosas como son, las expropiaciones son muy necesarias en toda revolución y proceso socialista, pero realizadas en el marco de un proceso metodológico claro, que no anteponga la inmediatez a lo importante, que entienda de una vez y por todas que si no transformamos el ideario social de la masa JAMÁS vamos a erradicar el capitalismo sin importar que el petróleo llegue a 1000; y ese es el gran reto que tenemos planteado en este nuestro futuro inmediato.

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