Estimados camaradas socialistas, quiero plasmar en este artículo
unas breves reflexiones para una posible dialéctica en torno a ese
espinoso tema de las expropiaciones que, para mí, son el eje central
de todo el problema económico en el que estamos envueltos en estos
duros días nuestros.
Hace ya un tiempo, creo que fue en la primera feria del libro que se
realizó bajo el mando de nuestro actual presidente Nicolás Maduro,
que asistí a una breve conferencia previa a la presentación de un
libro de un personaje harto conocedor de la historia y prolífico
escritor de todo tipo de temas, que con toda la calma del mundo y con
todo el énfasis posible nos decía que -para él- el Estado debía
colocar todas la empresas expropiadas en manos de gente como Lorenzo
Mendoza (ejemplo utilizado por el susodicho personaje) ya que para él
de esa manera volverían a funcionar, a ser productivas y el país
volvería a encauzar su economía, que ya para aquel entonces daba
claros signos de enfermedad.
Todavía hoy, años después, me sangran los oídos al recordar esto,
y si no escribí nada en aquel momento y hoy sí lo hago, es por
estos tiempos de dura informalidad económica que hacen atravesar a
nuestro país los encargados de dar el “golpe de timón”, es
porque desde el mismísimo seno de estos “hijos de Chávez” han
salido personajes a vociferar a los cuatro vientos planetarios el
estridente fracaso de todas la expropiaciones realizadas en estos 17
años, y que la mejor vía para el saneamiento económico de
Venezuela es devolverlas a manos privadas; entonces, ante este giro
tan peligroso de las cosas, he decidido dar mi opinión al respecto.
Lo primero que hay que hacer es descubrir el agua tibia, como lo
hacen nuestros ilustres “hijos de Chávez” al decir que las
expropiaciones fracasaron, eso señores es OBVIO. Lo peligroso, lo
realmente grave, es el giro que le estamos dando a ese timón de la
nave que nos dejó Chávez al enfatizar, después de recalcar NUESTRO
FRACASO, que al devolverle el capital a sus “originarios” dueños
todo sí funcionará y todo sí marchará adelante, y ojo, que aquí
hay que hacer dos apartados vitales para que se entienda la gravedad
de esta nueva proposición.
Lo primero que hay que decir es que en estos momentos sí es
completamente cierto y quizás muy necesario devolver en parte las
empresas a las manos privadas, pero ojo, sin que el Estado pierda la
mayoría accionaria, sobre todo en las empresas más vitales como son
las de la alimentación, y que esas manos privadas no sean otras que
los mismos trabajadores de esas empresas. Lo segundo y más
importante que hay que hacer es EXPLICAR el porqué estas
expropiaciones fracasaron estrepitosamente y así eliminar de una vez
esa perniciosa comunión entre socialismo expropiador y fracaso
económico, y ojo a esto, que aquí está el meollo del gran peligro
ideológico de esta nueva trampa tendida desde el seno de nuestros
propios “hijos de Chávez.
Ahora vayámonos un poco más atrás, a la época de las vacas
gordas, a la época de eterna felicidad, a la época donde todo se
arreglaba a barrilazo limpio y poco importaba el control, la
fiscalización, la contraloría, la productividad, pues los fracasos
se tapaban con inyecciones casi infinitas de capital o en montañas
de propagandas y justificaciones de la más impresionante ciencia
ficción y todos nos comíamos ese pernicioso cuento de la “Venezuela
Potencia”. Es en estos tiempos donde se encuentra el origen mismo
de este tan estrepitoso fracaso, que parece estar destinado a
convertirse en el puntillazo final que termine de explotar ese ya
casi vacío globo que es la revolución venezolana.
Nuestro eterno líder se auto-proclamó Marxista y desde 2004 le dio
carácter de socialista a nuestra revolución, es por ello que trató
de iniciar un proceso de socialización en el aparato productivo
venezolano, haciendo cambiar el capital de las manos privadas a las
manos de un Estado que NO estaba preparado ideológicamente ni tenía
el adiestramiento para afrontar tamaño reto. Se empezó por el
fondo, empezamos a lavar los pies sin darnos cuenta que al lavar la
cabeza tendríamos que volver a lavar todo lo ya hecho. El error,
señores, no fue expropiar, ese es un paso harto necesario en todo
proceso que quiera medio dignarse a llamarse socialista, el error, el
GRAN error, fue el TIEMPO y a continuación me explico.
Después de los sucesos del 2002 quedaba claro que la oligarquía
industrial venezolana JAMÁS y repito esto de JAMÁS, pues parece
haberse olvidado, trabajaría por un proceso revolucionario, mucho
menos socialista y aún peor marxista, de ahí que Chávez, amparado
en el éxito del referéndum revocatorio en su contra (algo a lo cual
estos “hijos de Chávez” parecen tenerle un pánico atroz)
decidió dar el paso que tanto quería dar, aún en contra de los
todopoderosos amos del valle y auto-proclamarse marxista e iniciar,
desde ese mismo momento, la transformación económica del país,
quitándole el capital productivo a los privados y privilegiados de
siempre y conservándolo para si, para el Estado, y el error, el
grave error, fue que antes de transformar económicamente a un país
hay que transformarlo socialmente porque sino todo intento de cambio
sera saboteado, de una manera u otra, por aquellos mismos llamados a
realizar el cambio, y cualquier parecido con nuestra desastrosa
realidad no es mera coincidencia.
En este punto realizaré un paréntesis a mi secuencia de ideas para
aclarar que este error que a priori se le puede achacar a Chávez, y
vaya que tiene culpa en ello, no sería del todo justo hacerlo, ya
que la nuestra fue una revolución pacifica y no contó con ese “gran
apoyo” que tiene toda revolución armada, como es eliminar de golpe
y porrazo a todo aquel que torpedee el proceso revolucionario, o que
de una u otra forma estorbe a dicho proceso, ventaja que sí tuvieron
otros líderes revolucionarios que llegaron al poder a punto de plomo
y fuego y que no tardaron mucho en realizar esta “necesaria
limpieza”, y es por esta razón, y aquí otro paréntesis más, que
tanto admiro a Chávez y a su intento revolucionario, pues si bien lo
trató de iniciar por el método errado, el método violento,
entendió en un breve lapso que la vía de la sangre solo sirve a los
fines de grandes carniceros y que él no sería uno de estos, de ahí
que la nuestra, nuestra revolución pacifica, fuese tan difícil de
instaurar y de ahí también que el no haber empezado por la
transformación socio-educativa antes de desmontar el aparato
económico, mas aún teniendo el poder de PDVSA en sus manos, fue
quizás el más grande error de su gestión y sin duda alguna hoy lo
estamos pagando con creces.
Volviendo a retomar el hilo conductor del principio, quiero dejar
claro que tildar al proceso socialista de expropiación en Venezuela
como un estridente fracaso -separándolo de la muy necesaria
explicación de sus causas- no es más que una vil maniobra de la
derecha que usa a títeres enquistados en el seno del actual gobierno
para, de un solo golpe, insertar en el imaginario colectivo que
la destrucción del orden económico y social que impone el
capitalismo solo trae hambre y miseria, que la consecuencia del
intento de construcción del socialismo solo traerá una escandalosa
y horrorosa experiencia aún peor a la actual, y así y de una vez
por todas, eliminar la posibilidad de cualquier revolución futura y
mas aún de índole socialista, so pena de sufrir nuevamente hambre y
grandes penurias.
Señores, ojo con lo que se viene, esos seudo-socialistas vendidos
por no sé qué razón (bueno, si la imagino: dinero) a la derecha
burguesa, están cavando un hoyo muy profundo para enterrar cualquier
vestigio de chavismo posible y para que el que pueda sobrevivir quede
muy bien marcado como inepto e incapaz, cuando la realidad es que es
el sistema capitalista, totalmente corruptor y podrido, al no haber
sido atacado de raíz y simplemente habérsele podado las ramas, está
rejuveneciendo en el seno de la misma revolución y amenaza
fuertemente con acabar con ella.
Otro punto a tener muy en cuenta es la nueva propuesta de
reprivatización escondida tras un sistema llamado mixto, propuesto
por los mismo tristes personajes anteriores, y ojo con esto, pues si
bien es muy cierto que lo que ha debido hacerse en un inicio, y es lo
que debemos hacer ahora de manera obligada, es la mixtificación de
la empresa entre el Estado (que deberá conservar siempre la mayoría
accionaria) y los trabajadores, NUNCA con un capital foráneo como se
quiere hacer ahora, con la falsa premisa de obtener dividendos y
hacer productivas las empresas, pues la verdad es que solo se busca
encubrir un plan mayor de total privatización de las mejores y más
jugosas empresas hoy en manos del Estado.
Lo que se debe hacer, y vuelvo a repetir esto, es lo que se ha debido
hacer ya en los años posteriores al 2003, y es el compartir las
responsabilidades y los beneficios con los obreros de esa empresa,
darles no solo el poder de decisión, sino la responsabilidad del
fracaso y el goce final de los posibles dividendos a un buen trabajo,
siempre en función de un inicial comodato Estado-obrero, que pueda
llevar en un lapso no menor a un lustro a la posesión ya final de
una parte accionaria, y repito otra vez, siempre con el control final
del Estado de la mayoría accionaria de dicha empresa, pues esa es la
única manera de crear sentimiento de pertenencia en el trabajador,
satisfacción ante el reparto de beneficios por el trabajo bien hecho
y responsabilidad grupal ante el fracaso posible. Estoy totalmente
convencido de que si está hubiese sido la fórmula de las
expropiaciones en un principio otro sería nuestro panorama actual,
pero ojo con lo que se quiere hacer hoy día, que no es otra cosa que
una reprivatización y seguro que con grandes facilidades para los
“nuevos” capitalistas.
Señores, cuidado, digamos las cosas como son, las expropiaciones son
muy necesarias en toda revolución y proceso socialista, pero
realizadas en el marco de un proceso metodológico claro, que no
anteponga la inmediatez a lo importante, que entienda de una vez y
por todas que si no transformamos el ideario social de la masa JAMÁS
vamos a erradicar el capitalismo sin importar que el petróleo llegue
a 1000; y ese es el gran reto que tenemos planteado en este nuestro
futuro inmediato.
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