Los años han
pasado por
mí dejando su profunda huella. Me miro al espejo y este vomita un
lastimero y triste reflejo del hombre que algún día fui. Luché con
todas mis fuerzas por alcanzar la cima del Dorado. Siempre busqué la
fortuna y las riquezas e hice lo indecible y lo inimaginable por
lograrlo y ahora, cuando mis días se acortan de manera vertiginosa,
solo la certeza de la vuelta a ti me da la energía para proseguir
esta interminable marcha con el morral de mi fracaso a cuestas.
Al fin veo
las luces en el firmamento…
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