Alan es un hombre
feliz, es lo que se diría
hoy en día un hombre exitoso. Tiene un gran trabajo como gerente de
una corporación mundial, su novia es una modelo exitosa, posee un gran
auto el cual cambia año a año, y solo se viste en las mejores
sastrerías. Sus noches son un verdadero banquete al placer: mesas
repletas de manjares de dioses, matizadas con vinos de excelentes
cosechas, postres que serían el paraíso de cualquier pastelero; en fin, Alan es el personaje que todos queremos ser, o…tal vez
no.
Alan tiene un
secreto, un terrible y pesado secreto, y es su enorme terror a los
espejos. Si bien es un hombre que no sería capaz de salir de su casa
sin tener un perfecto look, esto lo logra con un valet, el cual se
encarga de todo su acicalamiento personal y de ahí su gran alivio al lograr la evasión
diaria a su terrible secreto. Pero hoy su valet enfermó y no
consigue un posible remplazo, y ya está retrasado para asistir a una
importante reunión de trabajo, pero sabe -y lo sabe muy bien- que no se
puede enfrentar al espejo, pues es él el único que le grita en su
cara su terrible realidad, esa en la cual abandonó su humana
estructura de hueso y piel, desecho cualquier dejo de eso que se llama alma y se transformó en un ser frío y rígido
de duro e insondable plástico.
Hoy, todo aquel que lee la crónica roja del diario no puede entender como Alan -el prototipo del éxito- aparezca en primera página asociado a la palabra suicidio. Eso, para el saber de la masa social es imposible de entender..
Hoy, todo aquel que lee la crónica roja del diario no puede entender como Alan -el prototipo del éxito- aparezca en primera página asociado a la palabra suicidio. Eso, para el saber de la masa social es imposible de entender..
No hay comentarios.:
Publicar un comentario