viernes, 10 de abril de 2015

Ojos Negros


Agazapados en medio de la ciudad,
hermosos, silentes y misteriosos,
en rincones, bares y plazoletas
acechan a su cotidiana presa.
Con furiosa hambre de sexo y lujuria
ansían la llegada de su nueva víctima.

Como hermosas odaliscas
bailan la danza de ancestral pasión.
Con sus sedosos velos
envuelven al incauto viajero.
Su dulce y melodiosa voz
embriaga al más devoto abstemio.

Las pobres almas de amor en pena
caen en su dulce maraña.
Ellos, suntuosos y exuberantes,
posan sobre ellas su mágica mirada.
Inoculan, lentamente,
su dulce e incurable veneno.

Poco a poco un agradable calor
se apodera de nuestra razón.
Involuntarios se hacen
todos nuestros movimientos.
Avanzamos sin querer detenernos
adentrándonos en sus terrenos.

En una vorágine de amor
nos envuelven con loco fulgor.
Nos poseen y deleitan a la vez
cual moderna Afrodita,
que vive en un ceniciento cuento
de diaria lucha celestial.

Cuando nos liberan
solo sentimos una enorme ansia
de que el astro señorial,
nuevamente, se vuelva a ocultar
para así volver a empezar
el eterno juego de nunca acabar.

Presas hemos sido todos
de aquellos inolvidables...

Ojos negros”.

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