No te
viví pero te conocí,
ahí
donde se conoce la verdad,
aquella
que se oculta a los ojos impuros
tras un
débil pétalo de una rosa marchita.
No
sufrí tu tortuoso andar
en la
tierra de mis padres y de mi amor,
ni tu
lucha por defender la llama de vida
de las
oscuras aguas de la ignorancia.
Dura y
noble fue tu cruzada
cuando
solo pan y cebollas en tu mesa hallabas,
y en un
mar de dolorosas ausencias
las
sombras tendieron su mortaja.
Hoy te
canto y te recuerdo
porque
aquella rosa marchita
que
tras sus pétalos me ocultaba tu obra
renace
con fuerza soñadora
en los
“ojos abiertos” de jóvenes almas
ávidas
por amar toda tu obra inmortal.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario