Mira que si seré gilipollas, en
tremendo lío estoy metido y todo por imbécil, si ya es que me lo
decía mi madre “Andrés no seas idiota, no creas ni en amor de
putas ni en amistad de yonquis”, pero claro, yo sabía más que
nadie y me tuve que meter en aquel bar de mala muerte y en la misma
noche me enamoré de una puta y me lié con un yonqui, que si hubiese
tenido la mente un poco clara me hubiese dado cuenta de que Rosita
era la puta y Arnulfo el chulo, pero claro, qué claridad mental se
puede tener si a los 28 años se entra a un bar de mala muerte a
buscar caña, hierba y un buen polvo y yo con qué salí, con dos
malos polvos que aquí me tienen y una “amistad” a la cual de
seguro jamás le vuelvo a ver la calva.
Miles de oportunidades tuve para dejar
la estúpida espiral en la que me había metido, pero claro, yo, el
super macho, había conquistado a la más bella mujer de aquel bar, a
la inigualable Rosita, y para no ser menos, con toda su ladina
astucia el Arnulfo logró mi amistad adulándome y rindiéndose a mis
pies por lograr aquello que el mismo tenía meses intentando y claro,
como a todo idiota basta que te inflen un poco el ego y ya crees a
esa persona el mejor de todos los amigos, y si encima te consigue
hierba de la buena y la mayoría de las veces te la regala, qué
cuenta te vas a dar de que, desde que entraste a aquel bar, ya te
habían visto la cara de gilipollas y te tendieron una celada en la
cual caíste gustoso y ahora estas viendo cómo coño sales de ella.
Ya cuando la Rosita me contó su
problema hepático y el carísimo tratamiento que solo en Londres
hacían ya me tenía que sospechar que algo turbio había en el
fondo, pero claro, cómo coño pensar cuando la estas clavando
durísimo en la bendita posición del misionero, y más aún debí
notar la celada cuando esa misma noche el Arnulfo me trajo la
solución a mis problemas económicos, que no son míos pero que yo
los adopte de inmediato, y me propone ir a Melilla, cruzar la
frontera y llegar a un laboratorio clandestino a mitad de camino de
Fez donde unos finlandeses poseen la modernísima técnica de la
“clonación en célula adulta de crecimiento vertiginoso”, que
permite con una célula extraída de tu espina dorsal crear en pocas
semanas un ser idéntico a ti en edad y contextura física, hasta tus
mismas huellas digitales, eso sí, difiere del original en su falta
de preparación educativa, ya que en pocas semanas apenas si aprende
a hablar lo necesario y, eso sí, a ser el burro de carga que tanto
necesitan los chinos, y que tan bien me pagaron, después de que la
hambruna y las pestes de 2098 acabaron con el 75% de la población,
además los chinos requieren esclavos frescos para hacer sus trabajos
pesados en la reconstrucción de las ciudades que sus socios los
gringos destruyen por doquier.
De nada me sirvió indicarle al
Arnulfo la pena de muerte que significa a un europeo si un gobierno
africano lo pesca en su territorio, ni los 50 años de cárcel por
hacerte una clonación no autorizada por el “parlamento supremo de
la OTAN”, no, al Arnulfo poco le importaba, yo era simplemente el
cliente gilipollas enamorado de su puta que iba a conseguir los 5
lingotes de oro que él necesitaba para pagarle al ruso que ya lo
había amenazado de muerte si no le pagaba las pildoritas rosas que
él tan bien vendía en las noches madrileñas, no, yo no veía la
trampa y el Arnulfo todo me lo suavizaba.
Pero todo iría bien si no fuese por
el enano maldito del Santiago, bendita la hora en la que me empeñé
en pasar toda la colegiatura golpeando, encerrando en los armarios y
metiendo en los cestos de la basura al enano del Santiago, cómo me
iba a imaginar que el enano siniestro estudiaría para policía para
poder vengarse, sino en mí en otros parecidos a mí, y claro, cuando
un golpe de estado en Brazavilandia (creo que así se llama ese país)
destrozó la empresa china que ahí operaba y dejó en libertad a
miles de esclavos clonados que hacían el pesado trabajo, esto
permitió a mi olvidado clon, que por esos acasos del destino
trabajaba en esa empresa, viniese a terminar en Madrid, la verdad no
se como, en una tienda de abarrotes golpeando al dependiente hasta
casi matarlo -claro el dependiente era chino- y robando lo que tenia
en la caja, con la mala suerte para mí que ese local tenía cámaras
de seguridad donde quedó plasmada mi cara, bueno la de mi clon, y el
imbécil dejo sus huellas, idénticas a las mías por todas parte. Y
este caso quedaría en el olvido sino es porque la mayor afición del
maldito enano del Santiago es revisar todas las denuncias que se
hacen a diario en Madrid para ver a cuál abusador puede pescar, y ya
se pueden imaginar la tremenda cara de satisfacción cuando el
maldito enano vio mi rostro en aquella foto y pudo cotejar que eran
mis huellas, y como el maldito no me había perdido pista desde hace
años sabía bien donde pescarme y ahora estoy aquí, sentado,
esperando a que me tomen declaración y qué coño voy a declarar, si
declaro que es mi clon me soltarán de inmediato, claro si antes
presento la tarjeta con el código de aprobación del “parlamento
supremo de la OTAN” y como no la tengo, desestiman los cargos de
agresión y robo y me mandan a pudrirme en la cárcel federal por
clonación ilegal, y como yo y mi maldita sed de venganza me hacen ir
todas las noches al bar a acechar por si algún día regresan o la
Rosita o el Arnulfo, para la hora del crimen yo no tengo coartada.
Ahora solo me queda el dilema de
aceptar un cargo por agresión y robo en lo cual estaré en manos del
Santiago que se carga una cara de sádico que no puede con ella, o
declararme culpable de clonación ilegal, en lo cual ya no estaría
en las manos del Santiago pero sí de una cárcel federal donde me
pudriría el resto de mi vida.
¿Qué haré? ¿Qué haré?...
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