Corriste
raudo y veloz por las tierras del sur,
tu
espada labró a fuego y dolor la libertad de toda nuestra región,
y
cuando los pueblos ya dejaban de escuchar los cascos de tu caballo
andar,
apareció
una nueva luz de justa y revolucionaria redención,
y
entonces tú y él cabalgaron juntos por nuestras tierras de
opresión,
y
nuevamente tú y él, el grito de libertad, volvieron a retumbar en
nuestra hermosa
América.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario