Hilan las parcas con gran alegría
y hasta su vereda llegan los fuegos fatuos
en opresora danza mortuoria;
cuánta desdicha encierran sus bocas.
Hilan, hilan y siguen hilando
mientras afilan la tijera que el destino va señalando,
con su mortuoria tela de araña
a una pobre alma van amarrando.
Nona, Décima y Morta
andan sueltas hoy en el mundo
¿A qué pobre ser le torcerán el destino?

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